
El color de un cuerpo de agua puede parecer, a simple vista, una característica meramente estética. Sin embargo, desde el punto de vista ambiental y analítico, puede aportar información relevante sobre las sustancias presentes en el agua y sobre los cambios que está experimentando un río, lago, descarga o efluente industrial.
Dentro de los parámetros utilizados para estudiar esta característica se encuentra el color verdadero del agua, que permite evaluar el color asociado a las sustancias disueltas después de retirar la materia suspendida que podría interferir con la medición.
En México existe una metodología específica para su determinación: la NMX-AA-017-SCFI-2021, denominada Análisis de agua–Medición de color verdadero en aguas naturales, residuales, residuales tratadas y marinas–Mediante coeficientes de absorción espectral–Método de prueba. Esta Norma Mexicana se encuentra vigente y sustituyó a la NMX-AA-017-1980.
La NMX-AA-017-SCFI-2021 define el color verdadero del agua como aquel debido únicamente a las sustancias disueltas. Para determinarlo, la muestra debe filtrarse previamente mediante una membrana de 0.45 µm.
Esto es importante porque el agua puede presentar color por diferentes razones. Algunas sustancias están realmente disueltas, mientras que otras corresponden a partículas o materiales suspendidos.
Una de las distinciones fundamentales al hablar del color del agua es separar el color verdadero del color aparente.
El color aparente contempla tanto las sustancias disueltas como la materia suspendida sin disolver. La propia metodología menciona ejemplos de materiales que pueden influir en este color, como partículas coloidales, hierro, óxidos de manganeso y algas.
El color verdadero, por el contrario, busca eliminar la influencia de esas partículas para estudiar específicamente el componente asociado con las sustancias disueltas.
Porque observar que una muestra tiene una determinada tonalidad no permite establecer inmediatamente qué está causando ese color.
Una muestra puede verse diferente debido a partículas suspendidas, pero también puede contener sustancias disueltas capaces de absorber determinadas regiones de la luz visible.
Por ello, una evaluación de laboratorio permite obtener información objetiva y reproducible, en lugar de depender únicamente de una apreciación visual.
El color de las aguas naturales puede relacionarse con distintos materiales presentes en el medio. Dependiendo del origen del agua y de las actividades desarrolladas alrededor del cuerpo receptor, sus características pueden cambiar.
Entre las fuentes que pueden influir se encuentran la materia orgánica natural, sustancias disueltas, algunos compuestos de hierro y manganeso y, en determinados contextos, sustancias provenientes de actividades humanas.
En el ámbito industrial, observar cambios en las características de un efluente puede ser una señal que merece investigación.
Industrias cuyos procesos utilizan pigmentos, colorantes, materias primas orgánicas, productos químicos u otras sustancias capaces de modificar las propiedades ópticas del agua pueden requerir un seguimiento particular de este parámetro.
Sin embargo, existe una precisión importante: un agua con color no necesariamente está contaminada, y la ausencia de color tampoco demuestra que esté libre de contaminantes.
El color verdadero debe interpretarse como parte de una caracterización más amplia del agua y no como un diagnóstico aislado de contaminación.
Una alteración considerable de las propiedades ópticas de un cuerpo de agua puede modificar la forma en que la luz penetra en la columna de agua. Esto adquiere importancia ambiental porque la disponibilidad de luz participa en numerosos procesos de los ecosistemas acuáticos.
Cuando determinadas sustancias absorben la radiación visible, disminuye la cantidad de luz que puede atravesar el agua.
La magnitud del efecto dependerá de factores como la concentración y naturaleza de las sustancias presentes, la profundidad, las características propias del cuerpo de agua y otros parámetros ambientales.
La luz es indispensable para la fotosíntesis de algas, plantas acuáticas y otros organismos fotosintéticos.
Por esta razón, alteraciones importantes en la disponibilidad de luz pueden influir en las condiciones bajo las cuales estos organismos realizan sus procesos biológicos.
Esto no significa que cualquier cambio de color genere automáticamente un daño ecológico. La interpretación debe realizarse considerando la intensidad del cambio, su origen, duración y las demás características físicas, químicas y biológicas del cuerpo de agua.
La medición no consiste simplemente en comparar visualmente una muestra con una escala de colores.
La NMX-AA-017-SCFI-2021 establece un método basado en coeficientes de absorción espectral aplicable a aguas naturales, residuales, residuales tratadas y marinas.
De acuerdo con la metodología, la muestra se lleva a temperatura ambiente y se filtra utilizando una membrana de 0.45 µm. Posteriormente se realiza la medición de pH de la muestra filtrada y se continúa con el análisis espectrofotométrico.
La filtración es fundamental porque permite retirar la materia suspendida que contribuiría al color aparente y afectaría la evaluación específica del color verdadero.
El principio analítico consiste en caracterizar la intensidad del color a partir de la absorción de luz.
Diferentes colores absorben la radiación de manera distinta dependiendo de la longitud de onda. Por esta razón, el método utiliza un espectrofotómetro o fotómetro para realizar las determinaciones.
La metodología establece tres longitudes de onda dentro del espectro visible:
436 nm, 525 nm y 620 nm.
En lugar de describir una muestra simplemente como “amarilla”, “verde” o “azulada”, las mediciones espectrales permiten caracterizar objetivamente cómo absorbe la luz en diferentes regiones del espectro visible.
Los valores obtenidos se reportan individualmente para cada longitud de onda, lo que proporciona una caracterización más precisa del color verdadero de la muestra.
El pH es otro aspecto que debe considerarse durante la determinación. De hecho, la NMX-AA-017-SCFI-2021 incluye la medición del pH de la muestra después de su filtración y hace referencia a la NMX-AA-008-SCFI-2016 para esta determinación.
La apariencia y absorción de algunas sustancias pueden variar de acuerdo con las condiciones químicas del medio.
Por ello, conocer el pH ayuda a documentar adecuadamente las condiciones bajo las cuales se realizó el análisis y aporta información necesaria para interpretar el resultado.
Para una empresa, analizar sus aguas residuales no debería limitarse a observar si el efluente “se ve limpio”.
Un agua visualmente transparente puede contener sustancias que requieren evaluación, mientras que un agua con determinada tonalidad puede presentar esa característica por causas naturales o propias del proceso.
La medición periódica de parámetros de calidad del agua permite generar un historial de comportamiento.
Cuando existen datos comparables a lo largo del tiempo, resulta más sencillo identificar desviaciones, cambios en los procesos o modificaciones en las características del agua residual.
Un resultado inesperado puede llevar a revisar materias primas, procesos productivos, sistemas de tratamiento o características de la descarga.
Esta es una de las razones por las que el análisis ambiental puede funcionar no solamente como una actividad documental, sino también como una herramienta preventiva para la gestión ambiental de una organización.
La NMX-AA-017-SCFI-2021 fue publicada mediante declaratoria de vigencia en el Diario Oficial de la Federación el 1 de febrero de 2022 y entró en vigor el 1 de junio de 2022. Actualmente aparece con estado vigente en la plataforma oficial de normalización de la Secretaría de Economía.
El campo de aplicación contempla la medición del color verdadero en:
Esto permite utilizar una metodología estandarizada para caracterizar muestras provenientes de diferentes contextos ambientales.
El color verdadero en el agua es mucho más que una característica visual. Su medición permite estudiar de manera objetiva la absorción de luz asociada a sustancias disueltas y diferenciarla de los efectos producidos por partículas suspendidas.
En cuerpos naturales, comprender estas características ayuda a estudiar cambios en las condiciones ópticas del agua. En el ámbito industrial, incorporar este parámetro dentro de una estrategia adecuada de monitoreo puede contribuir a conocer mejor las descargas, identificar variaciones y fortalecer el control ambiental.
Por eso, cuando el agua cambia de color, la pregunta no debería quedarse únicamente en “¿por qué se ve diferente?”. Un análisis realizado mediante una metodología reconocida permite convertir esa observación visual en información técnica que puede medirse, compararse e interpretarse.
En México, la NMX-AA-017-SCFI-2021 proporciona precisamente una metodología para realizar esta determinación mediante coeficientes de absorción espectral, haciendo posible evaluar el color verdadero de forma objetiva y técnicamente sustentada.